miércoles, 23 de noviembre de 2011

Y en esta esquina... La Citadina que fue a las Luchas

Como parte de las nuevas vivencias que he tenido, me fui con unos amigos a “las Luchas” a la Arena México. 

Recuerdo vagamente que los domingos que íbamos a ver a mis abuelitos, mi abuelita veía las luchas (esto lo confirmé con mi mamá) y que se emocionaba por cada movimiento que el luchador a quien le iba, hacía para “acribillar” al enemigo. Muy simpático el asunto y más, recordar a mi abuelita, quien era una dama española hecha y derecha, se emocionaba y le hablaba al televisor (y sí lo acepto, la dama se volvía una reverenda aficionada y se la mentaba al contrincante en cuestión).

El plan salió de la forma más espontánea del mundo: una amiga del trabajo me preguntó que si tenía algún plan en específico, a lo cual, solamente había quedado en ir por unos “mojitos” (llevaba semanas pidiendo unos buenos mojitos) e irme a buena hora a mi casa. Cuando me comentó que había quedado en ir con unos amigos a las “luchas”, me pareció buena idea. Alguna vez me habían dicho que era lo más terapéutico del mundo y divertido. A lo que dije un rotundo: “Si quiero”. Después de terminado el día laboral, nos fuimos todos con mi amiga y ahí estaba yo, la “citadina fresa” quien nunca se había parado a ver las luchas en la arena México más que para ver  el extinto espectáculo de “holiday on ice” que mi mamá me llevó a ver en algunas ocasiones cuando era niña.

Llegamos y mil revendedores, puestos con camisetas y mascaras de no sé cuantos luchadores (¡mi madre! No conté todas las máscaras, pero eran demasiadas) antojitos, en fin, todo un circo afuera de la México (y lo que faltaba por ver).
Nos metimos y aunque teníamos los boletos numerados, en ese tipo de espectáculos, ¡vale para dos cosas tenerlos así! Encontramos unos cuantos lugares al centro y nos sentamos.
Comenzaron las luchas y tengo entendido, que las del principio, son aburridísimas. Y sí, lo fueron. Aburridas, trancazos que sonaban y nada espectacular. Yo estaba atónita mirando todo el entorno, ¡era un espectáculo! Lo que sí me di cuenta es que la chica que estaba a mi lado, gritó en todas las luchas y a todos los luchadores todas las “mentadas de madre” que se sabía (y hasta creo que inventó unas nuevas) cada vez que el luchador le pega a “su favorito” (en realidad, creo que en todas las que vimos, tenía uno al menos que era su “favorito”).
Durante toda mi vida viví en el error (y digo vivía porque después de las luchas comprendí tantas cosas…) de que alguien catalogado como un “papito”, “mi rey”, “guapo” y demás adjetivos calificativos, se consideraba un tipo que en su conjunto: cara y cuerpo, es muy atractivo. Noo… ¡error! Para las féminas que van a las luchas, este tipo de adjetivos a los hombres cuentan del “cuello para abajo” (algo que vulgarmente se le conoce como estar “bueno” de cuerpo) y bueno, hasta “casa” les ponen. Un concepto nuevo, sin duda. (Y la verdad… ¡Ni tanto! Están tal “tonelitos” y los hombres así, al menos a mí, no me parecen nada “buenos” ¿alguien se acuerda del “Santo”? ¡¡¡Por Dios! Le urgía bajar la panza!!!).

El hecho de ver el espectáculo (tanto dentro del cuadrilátero como afuera) fue extremadamente divertido. Es chistoso ver cómo la gente, sea de cualquier estatus social, saca sus mejores “guarradas” y todas, absolutamente todas, son bien vistas e inclusive, aplaudidas. Si no mal recuerdo, llegó un punto en que yo (si YO) saqué los guarrismos de “rómpelo, yo lo pago” “y tú luchador” x”, porque ni me acuerdo del nombre- vas y… tu ma”! (mis amigos estaban botados de la risa y yo, lo acepto, también) y el amigo con quien iba, ¿por qué no aplicó el: “me paro de pie por la guapa” (entiéndase lo anterior, cuando en un momento pasó una monita en bikini mostrando el cartelito de la “Segunda Caída”) ¡carcajada instantánea de quienes lo escuchamos! Frase naquerríma pero absolutamente bien aplicada (y aplaudida) en el lugar correcto (Honestamente, no lo veo diciendo lo anterior en una junta…si no, que ¡miedo!).

Si no mal recuerdo, en algunas ocasiones me dijeron que ir a las luchas “es lo más terapéutico” del mundo y la verdad ¡sí! (caray, y más barata que cualquier terapia psicológica, eh) Sacas absolutamente todo el estrés que tienes de la semana y rompes con los planes cotidianos para divertirte y pasar un buen rato. De haberlo sabido antes, ¡me iba más seguido a las luchas! (bueno, quien sabe que tan bueno eso hubiera sido, porque seguro hubiera terminado aventado una silla al luchador malo! Jajaja).

Una experiencia que me produjo tal carcajada (y es que de verdad, es surreal) que solo de acordarme de todo lo vivido, me dibuja una gran sonrisa.

Sin etiquetas, más que ESTA SOY YO

Hace 20 días emprendí un reto que hoy estoy con los frutos de haberlo realizado: una meditación cuántica.

No tenía ni la más remota idea de qué iba, pero si tenía la idea por comentarios de personas que lo habían vivido, era la experiencia más liberadora y sanadora del mundo. Harta de cargar equipajes, de recuerdos momentáneos que me tomaban desprevenida, en fin…cansada de no poder vivir a conciencia, me inscribí ¡y la promesa de liberación fue cumplida!

Era viernes y yo estaba incierta de qué esperar, nerviosa con un poco de miedo porque literalmente, no tenía ni idea siquiera, si me iban a aceptar estar de color negro (una trabaja e ir en pants blancos o utilizar ropa blanca en otoño para ir al trabajo, not nice). Así que bueno, me dispuse a esperar, a llamar a una amiga, quien me tranquilizó y me dijo que todo iba a estar perfecto.

Llegada la hora, me cambié y me fui al salón. Al igual que las personas con quienes hablé antes de la meditación, nadie tenía ni la más “peregrina” idea de qué esperar, qué hacer, qué traer, en fin…todos éramos nuevos en esto.
Comenzó la meditación y la persona quien la guió, fue increíble. Nos llevó, mediante respiraciones de “fuego” a no pensar concientemente en lo que estábamos haciendo y solo dejarnos fluir y más interesante, dejarnos tocar todos los sentimientos de nuestro ser.
Comencé a escuchar ruidos (ojo esta meditación haces de todo, menos estar callado, algo muy distinto a mi clase de yoga habitual), quejidos, sollozos, en fin, un sin número de ruidos de los demás. Dejé de enfocarme en “los otros” y me enfoqué en mí, en lo que tenía que sentir y ¡me solté! Pasé por las distintas capas que estaba cubierta mi persona: pase por la infinita tristeza, la desesperación, el infame enojo por el pasado y la frustración; sentimientos que se manifestaron desde lágrimas hasta gritos tan potentes que me queda claro que a alguien dejé sordo. Los gritos se acompañaron de un incesante sudor por la espalda, conforme fui tocando más a profundidad el sentimiento, el calor corporal incrementaba cada vez más y más. Francamente, acabé empapada.

Terminadas las capas de los sentimientos negativos, alguien con risa incansable, me contagio y fueron los minutos de carcajada más “liberadores”. Me acordé de las cosas que me hacían feliz de niña; los momentos de felicidad de hace unos años y los que hoy en ocasiones, me permitía vivir. Llegó el momento de paz y respirando hondo: respiraba paz y sacaba lo que no necesito, lo que no quiero y lo que no sirve. Me deshice de etiquetas, por capas me deshice para redescubrir la esencia de quién soy y lo que quiero.
Reí, grité y lloré desde lo más hondo de mi ser. Terminada la primera parte, todos los del grupo, terminamos abrazados (alguien se acuerda del video ochentero “sweet harmony”? Algo así, todos en el suelo, vendados en un gran abrazo) y dejando que fluyeran los sentimientos positivos.

Terminada la sesión, abrí los ojos. Lejos de tener los lentes de contacto bastante sucios, me sentí desorientada y extremadamente cansada pero con 1000 kilos de menos, como si no estuviera cargando absolutamente nada.
Llegué a mi casa y dormí no sé cuantas horas, cuando me desperté, la sensación era más clara: NO ESTABA CARGANDO NADA, me sentía en absoluta libertad y sobretodo, en paz conmigo misma.

El paso a seguir después de que me deshice de todo, era volver a armarme, sin ningún concepto, sin ninguna atadura, sin nada. Simplemente, empezar a ser yo.
Los días han continuado y el sentimiento de libertad, paz y tranquilidad persiste. Por nada del mundo me engancho en lo que otros dicen, quieren o hacen, en realidad, lo que ellos hagan, poco me importa porque quien importa soy yo. ¿Etiquetas? ¡Que pongan las que quieran! Estoy consciente de quién soy y las etiquetas, no me quedan; en fin, estoy comenzando a trazar mi camino con más a conciencia y paz.

No es un método para todos, pero es admirable quien lo enfrenta, por algo sencillo, no todos aceptamos lo que somos, de lo que estamos hartos y sobretodo, de estamos dispuestos a comenzar desde cero, tocando nuestros más grandes miedos.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

El verdadero valor de un anillo - Jorge Bucay

Ayer me contaron este cuento... y me dejó pensando mucho sobre lo que ha pasado en mi vida en los últimos tiempos. 
Me gustó tanto, que por eso lo comparto.

"Érase una vez un joven que acudió a un sabio en busca de ayuda.

-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo ganas de hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo: «Cuánto lo siento, muchacho. No puedo ayudarte, ya que debo resolver primero mi propio problema. Quizá después...». Y, haciendo una pausa, agregó: «Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar».

-E... encantado, maestro -titubeó el joven, sintiendo que de nuevo era desvalorizado y sus necesidades postergados.
-Bien -continuó el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique de la mano izquierda y, dándoselo al muchacho, añadió-: Toma el caballo que está ahí fuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, y no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó al mercado, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes, que lo miraban con algo de interés hasta que el joven decía lo que pedía por él.

Cuando el muchacho mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le giraban la cara y tan sólo un anciano fue lo bastante amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa como para entregarla a cambio de un anillo. Con afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un recipiente de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.

Después de ofrecer la joya a todas las personas que se cruzaron con él en el mercado, que fueron más de cien, y abatido por su fracaso, montó en su caballo y regresó.

Cuánto hubiera deseado el joven tener una moneda de oro para entregársela al maestro y liberarlo de su preocupación, para poder recibir al fin su consejo y ayuda.

Entró en la habitación.

-Maestro -dijo-, lo siento. No es posible conseguir lo que me pides. Quizás hubiera podido conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
-Eso que has dicho es muy importante, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos conocer primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar tu caballo y ve a ver al joyero. ¿Quién mejor que él puede saberlo? Dile que desearías vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca: no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar.

El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo al chico:

-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya mismo, no puedo darle más de cincuenta y ocho monedas de oro por su anillo.
-¿Cincuenta y ocho monedas? -exclamó el joven.
-Sí -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de setenta monedas, pero si la venta es urgente...

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto. ¿Por qué vas por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y, diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda".

He entendido en este tiempo (y después de determinado reencuentro con un "mercader mal agradecido e irresponsable de sus palabras"  quien osó decirme lo primero que le vino a la cabeza (por cierto, frase súper mala, pirateada y comprada)  y que caló en lo más hondo del corazón y alma) que soy una joya única que no cualquiera sabe valorar, apreciar y cuidar. 
La primera persona quien cuida este ser soy yo, diario lo alimento de amor y cosas positivas; no dejandóme vencer y fortaleciendo su valor. Me queda más que claro, que esta joya invaluable, no está a la venta, en el mercado y menos, está dispuesta a estar con cualquiera.

Sé cuanto valgo, brillo y se cuán responsable soy de mis acciones, por eso, no me arrepiento de lo que digo con el corazón (y menos, cuando tiene ese "plus").

miércoles, 19 de octubre de 2011

Y el premio "Marga López" es para...

¿Qué es lo que nos hace ser nominados al premio “Marga López”, SENCILLO ¡¡¡SER AZOTADO Y DRAMÁTICO!!!

Haciendo un poco de memoria, ¡creo que el drama, en cierto grado, gusta mucho! (Quizás por lo que vaya a poner a continuación seré crucificada o en su defecto, quemada en leña verde) Tenemos a un representante del “dramatismo” en nuestra cultura musical y ese es el mismísimo ¡José José! Sus canciones (tooodaaas) son un drama, un constante “azote” de dudas, recuerdos, abandono, etc, etc. Y lo peor, es que para muchos (insisto, para muchos, me estoy ganando el infierno por lo que estoy afirmando) es el ídolo, el “príncipe de la canción” y el “confidente” para esas noches de borrachera cuando te rompen el corazón (al menos en mi caso, prefiero ser más sofisticada y escuchar y hacer otras cosas, en vez de reventarme la vocecita de Josecito). Este es el claro ejemplo de cuánto puede llegar a gustar (y justificar, peor aún) el drama.

Después de ciertos períodos de mi vida en las que me reventé siendo la “Princesa del Drama”; en donde me quejé hasta el cansancio de lo que no tengo, de armarme historias complejas y en donde pensaba, idiotamente claro está, en que si la historia no tenía la dosis (sea poca o mucho) de drama, simplemente no valía la pena. ¡Qué equivocada estaba! La vida, de por sí, nos entrega momentos dramáticos, tristes y fuertes, que la verdad, ¿de qué demonios sirve complicarnos más la existencia con historias mentales? Como buena “ex  princesa del Drama”, en mi experiencia, veía súper normal el ser dramática y hasta se justificaba con el fin de  demostrar “x” o “y” cosas, como ejemplo: mi fuerza y capacidad de “superar las adversidades”. ¡Por favor! El factor drama no mide las capacidades para resolver los conflictos y menos, ayudan en algo. Al contrario, engrandece (todo y en sentido malo), desgasta y dan una flojera enorme.Yo no digo que la vida sea de color de rosa ni mucho menos, pero ¡carajo! ¿De qué demonios sirve buscarle ese factor? ¿Por qué la maldita necesidad? ¿Serán las telenovelas o novelas? ¿Las películas en donde, absolutamente todo, después del mega drama, se resuelve y hay un final feliz? ¿Las terapias baratas para justificar las heridas, en vez de sanarlas? ¿Es tan difícil vivir plenamente y realmente ver la vida como es: “momentos buenos, malos, espantosos y regulares y –literal- aprender, agradecer y dejarlos ir? ¿Somos adictos, nos hacemos tontos o simplemente, no tenemos en qué descargar nuestra complejidad humana? (¡¡¡ya me explayé con las preguntas!!!).

Hace poco escuché en el radio que las mujeres tendemos mucho al drama/reclamo, en lugar de llegar a acuerdos. Sin embargo, he descubierto que no es exclusivo de nosotras; más bien, hay seres humanos que son más dramáticos que otros y creo que los que son los menos, podrían ser considerados “extraterrestres”. ¿Por qué para todo debemos armar el “drama”? De que si somos impuntuales, de por qué no llamaste, del porque no hiciste, pensaste, eres, dijiste. Pretextos, pretextos, que a final de cuentas, son detonantes para sacar a la “Marga López” que tenemos en nuestra cabeza y quien se encarga de armarnos las historias más idiotas que una telenovela (de cualquier televisora) y para colmo, saca a la mártir/víctima o en su defecto, mala del cuento. Lo cual, es volver al mismo círculo vicioso dramático, en lugar de analizar el punto medular, ¿qué diablos estoy YO haciendo? Si ponemos nuestras expectativas en las manos de los otros,  eso…eso…Hace que a gritos salga “Marguita” y obvio, sufrimos sus consecuencias (sea como aguantadores de dramas como personas que los hacen).

¿Qué es vivir sin dramas? Es aceptar la vida como es, tener la capacidad de ver claramente las cosas (respirar hondo y aceptar que hay cosas que están fuera de nuestro control para cambiarlas) y aprender de los trancazos de la vida. Quizás en ese sentido, a algunas personas les ha pegado más que a otras y eso, en muchos casos, incrementa la percepción de ser “más dramáticos” y aprehensivos que otros, y si no hay ayuda, de cualquier tipo, “Marguita” sale con determinada frecuencia (voluntaria e involuntariamente); no permite ser objetivos y sale con gritos. O de plano, también están las personas (como mi hermano, bueno en realidad, algunas veces lo hemos catalogado como un “vale gorrista” consumado) que son muy alivianados y dejan que las cosas fluyan como deban y no se agobian. A lo que creo firmemente, que él (y las personas quienes son así) viven plenamente y tratan de no engancharse con aquello que no puede cambiar.

¿Qué he aprendido en este tiempo? La verdad no tengo ni la más remota gana de lidiar con los “dramas” (propios y ajenos), no me interesa ser una “Drama Princess” (ni ganarme el premio por serlo) y mucho menos, aguantarlos (de quien sea, porque olímpicamente se van a la goma). Si los problemas tienen solución, resuélvelos. De los primeros aprendizajes que he puesto en práctica es que al primer indicio de “drama”( de cualquier índole y de cualquier persona), ocasiona que inmediatamente sonría fríamente y de plano, me instale en el mood: “mira fijamente y piensa en otra cosa que NO te de flojera”.
De nueva cuenta, ¿para qué los dramas, las quejas y sacar al berrinches que llevamos dentro? Nuestra “personita berrinches” no tiene la capacidad de “Godzilla” para destrozar una ciudad, pero SI tiene la capacidad de decir cosas sin pensar de las cuales podamos arrepentirnos  y si la sacamos sin bozal, hace literalmente, lo que se le da la gana y ¡gracias, valemos gorro! ¿Para qué demonios hacemos partícipe a la gente de nuestros berrinches y nuestros arranques cínicos? Ellos no tienen la respuesta, ni culpa y obvio, ganas para reventarse semejante “actuación”. Si quieres resolver los problemas, resuélvelos. ¿Quieres dejarte de quejar? Cambia tu manera de ver la vida, cambia de trabajo, actividades, escucha a tu corazón y no bloquees la razón, haz lo que sea, ¡pero actívate!  Y no lloriquees por el pasado, por lo que no tienes, por lo que deberías de tener, por lo que mereces, por malos tratos (verdaderos e hipotéticos), por truncamientos, por lo que sea, pero deja de lloriquear, enfrenta y arriésgate, en vez de darle la vuelta.

Es bastante complicado tratar de “simplificar la vida” y verle el lado más “amable”, pero da menos flojera (o al menos en mi caso), en lugar de que estés viéndola desde el punto de vista del drama.

Para dramas…mejor se lo dejamos a Marga López o contemporáneas (lo retro si está de regreso, pero esto está OUT) y para aquellas “Marga Lopez” vivan y dejen vivir,  dejen de quejarse, ríanse en vez de ser cínicos; diviértanse en vez de sufrir y vivan el hoy.

La verdad hacer premios en honor a cuanto nominado dramático que se presenta en nuestras vidas, sale en una ¡¡¡¡lanaaaa!!!! Sin contar, que la lista es (y será siempre) interminable.

lunes, 10 de octubre de 2011

El precio de ser soltera

Con mi cambio de estatus sentimental, que lejos de que se haya borrado de alguna que otra red social, han habido cambios de otra índole. Unos francamente refrescantes, retadores, lindos y otros que mejor me dan risa.

 Los cambios lindos.
Acabo de regresar de mi acostumbrado viaje de cumpleaños. Este año decidí ir a la playa y me encantó! Nadé con delfines y es una de las experiencias más lindas que he tenido en mi vida. Son animales muy inteligentes y con una vibra tan especial que en todas las veces que los toqué, sentí una paz muy especial. Altamente recomendable.
Después de que me llovió, caminé un rato hasta llegar al inicio del rio que está en Xel-Há, y para mi sorpresita, si quería ir al principio del parquecillo, la única forma de bajar era nadando, sea por "llantita" o "snorkeleando" y ni modo, a aplicar lo segundo.
Ya después de que me apretaran el chalequillo este, me puse las aletas y el visor...Y pues a nadar. Aún y cuando solo estas de mero observador lejano de la vida marina, es una belleza!!! (para alguien quien 1) nada bastante malito y 2) nunca había snorkeleado, resultó una experiencia súper padre!!!!) Muchisimos peces de colores, mantas, en fin...es otro boletillo, Cuando me sentí cansada, dudé en tomar una de las llantitas para subirme y andar tal "ñora gorda" que me dejara llevar la corriente. Y la verdad, al de pronto ver a las personas trepadas en la llantita, la verdad no me dieron muchas ganas, nunca he sido de las vaquetonas que se queda echada para estar bajo la corriente. Trato de llevar mi ritmo, cual sea por momentos, pero es MI ritmo. Así que me dispuse a seguir y seguir nadando tranquila, pataleando y no nadando de  "muertito". Paré en un paradero que estaba en medio del rio y descansé un rato, las ganas de tomar una llantita de gorda fueron grandes porque ya estaba medianamente cansada de tanto pataleo y de plano, decidi mejor olvidarme de esa opción e ir por todo el rio nadando y encontré tantas cosas, que creo que me las hubiera perdido si hubiera optado por la opción "fácil" de dejarme llevar por la corriente.
Me metí por lugares obscuros, estrechos, en fin...lugares que me daban miedo y que hoy después de haberlo hecho sola, me encantó la emoción de vivir cosas nuevas y que esto es producto de un trabajo constante personal.
Par de aprendizajes: vivir sin miedo y experimentar. Uno nunca sabe con las sorpresas con las que se puede encontrar. 
Después de mi experiencia sorpresiva, descansé en una hamaca y ahí me quedé dormida un rato. 
Ya despierta, me lleve todo mi equipo para buscar más lugares en el rio para nadar. Literalmente, había olvidado la sensación de estar tanto tiempo en el agua, es tan relajante! De repente es bueno tener la capacidad de perderse en el momento y eso hice, me perdí nadando y observando.
Tercer aprendizaje: creo que esto se debe a que lo aprendí en la yoga, AMO el silencio!! Y trato lo posible de darme tiempo en el día para no hablar, escuchar con detenimiento y mantenerme callada antes de decir algo o inclusive pensar. El caos, encuentra su cause. Aunque de repente, un poquito de caos en la vida, es sano y muy divertido.
Fui dueña de todo mi tiempo, por momentos acarrereado, por otros francamente, llenos de paz y tranquilidad.
Los días transcurrieron en paz, aunque por ahí tuve un incidente con el sol, el cual me obligó a guardar reposo. Después del día y medio que me aventé (me sirvió, leí muchisimo y no eran cosas legales, yupi!!) salí a un bar con mi amiga y unos amigos de ella. Tomamos (literal) un tequila y dos cervezas y traíamos, LA ACTITUD. Muchísima risa, burlándonos de los cantantes OTI que cantaban en el Karaoke, plática amena, en fin, la risa que me encanta escuchar.
Y el sábado, a ¡bailar! Madre mía, tenia cuarenta mil siglos que no lo hacía y me divertí tanto, porque literal, el plan era meramente divertirse, cantar y bailar.  Y el objetivo se alcanzó de nueva cuenta, muchísima risa y cantamos como enajenadas.
Aprendizaje antrero: rie tan fuerte y vive cada momento con todo tu ser, porque ese momento, no regresa.

Ahora los momentos que mejor he decidido que me den risa:
Hay momentos en los que apenas te estás acostumbrando a todas tus experiencias en solitario, cuando de pronto, no sé porqué demonios, algunos amigos creen prudente presentarte gente (por más que les definas la palabra no quiero...creo que en esos momentos no entienden español y francamente, les vale) o de plano, llegan de la nada a tu mesa a insistirte que quieren presentarte al primo feo borracho.
No, no estoy en condiciones (disculpen las molestias que esto le ocasiona pero estamos en reparación), no estoy urgida y francamente, no tengo ganas en reventarme citas irrelevantes con hombres que se hacen los interesantes  y que fingen una estabilidad emocional y que al final del día le tiran al "haber que pasa". ¡¡¡¡Ahhh, no gracias!!!!!!! Aún y con que mi estado es en "reparación" y no tengo ganas de salir  en ningún momento he flaqueado en saber quien soy y que es lo que quiero de un hombre (y perdón, pero mi estandar era alto hasta antes del ex y hoy, es un gradito más).
¿Seré una amargada por qué no quiero que me presenten a nadie? Francamente, el comentario del desconocido me puso a pensar por unos momentos y al final de escuchar su frase, de manera cortés y en paz, lo invite a desaparecerse de mi vista y mesa. 
 A veces hay que pasar por este tipo de incidentes, en donde te hostiguen hasta el maldito cansancio o de plano, te pidan salir "por fa, por fa, porque les pareciste una niña interesante", para darte cuenta que es de alguno de los bemoles del ser soltera y ser alguien medianamente pensante y atractiva. Para este tipo de situaciones lo mejor es sonreir, escuchar y diplomáticamente decir: no estoy interesada, muchas gracias. 
Hoy estoy enfocada en todo mi ser y mi tiempo es para mi y enriquecerme día a dia y ser feliz conmigo misma.

Otros de los momentos que hace poco tuve que pasar fue el bonito interrogatorio clásico familiar "y dónde está el novio?". Escuché sus preguntas, sus afirmaciones "pero si te veías tan enanorada" y vi sus caras de "ah pobre". A lo que solo respondí: hablo por mí y yo hice esto o aquello en la relación y él sus razones tuvo ( y las sé, pero no es responsable, respetuoso ni prudente de mi parte contar la historia) y la verdad ¿qué sentido tiene revivir la historia del "truene"?) He apredido a solo escuchar y responder (si quiero y editado) lo más serena y pausada posible a cualquier pregunta que me han llegado a hacer de él o algún tema incomodo. Ese es la parte buena y la que no es tan mona es tener que afrontar este tipo de interrogatorios "gestaporianos familiares" y sus comentarios secundarios... ahh familia, a final de cuentas.


En fin hay momentos que te demuestran que tan fuerte eres, que tan humano y que has aprendido a ser una mejor versión de ti día a día...Y así sigo, fuerte, humana y estoy siendo una mejor versión y doy lo mejor de mí diario, porque eso es lo que tenemos cierto: el hoy.








jueves, 29 de septiembre de 2011

Las estrellas de nuestra vida

Hoy por "causalidades" del destino, me enteré que este Blog ha movido a algunas personas a ir al "Bikram". Como dije, son historias y experiencias que me gustan compartir. Y que sin duda alguna, me encantó saber que quieren ir a un lugar "retador", que sana desde adentro y que ayuda mucho a conocernos y redescubrinos como seres humanos.

Y me puso a pensar, ¿qué tipo de estrella seré? Algunas personas, me han dicho a lo largo de mi vida que brillo mucho y más cuando rio a carcajadas; otras, me han dicho que se acuerdan de ciertas aventuras que vivieron conmigo en la adolescencia y otras, que simplemente tienen un recuerdo de mí y mi manera de entregarme a la vida.

Cada ser humano que llega a nuestras vidas es "por algo", por un instante, unos años, inolvidables y una vida.
Por mucho, prefiero ser "una estrella inolvidable", quien quizás hoy no esté presente en el hoy de sus vidas, pero sé que llegué para un fin: amar, decir verdades, reir o simplemente, compartir un momento que quedará en el recuerdo vago de la memoria.
¿Qué es lo que nos hace ser unas estrellas? Creo que el ser auténticos. Siempre durante toda mi vida, he sido criticada y señalada por muchas cosas, sin embargo, esas cosas por las que me señalaron en su momento, demuestran que tipo de persona soy: alguien quien no vive con miedos, fan de los riesgos y quien dice lo que piensa (y vaya que lo he dicho! Algunas personas de bruja no me bajan o quizás de tonta en ocasiones, pero la verdad... hablan y se acuerdan! Ahhh!!! no paso desapercibida, eh!). Y no es que tenga en la cabeza siempre "tengo y debo ser inolvidable", no más bien son las acciones las que hacen que haya este tipo de situaciones. 

Hay estrellas fugaces que son tan brillantes que son imposibles de olvidar. Mi ángel prestado, quien solamente estuvo 2 años a nuestro lado, no hay día que no me acuerde de él, de su luz y su risa increíble que hacía mover mi mundo. Son estrellas que llegan para enseñarnos a ver la vida de una forma distinta, sentirla distinta y replantearnos, en algunas ocasiones, nuestra trascendencia.
¿Cuántas estrellas fugaces han tocado mi vida? Son contadas las que recuerdo, porque las otras, brillaban tan poco, que se apagaron en la memoria.

Las estrellas que llegan en verano y se van en la misma estación. Están a nuestro lado durante las estaciones de calor y florecimiento. Estas estrellas son muy poco usuales, porque dejan su brillo en nuestro ser y sin duda, dejan huellas. Son tan complicadas pero a la vez fascinantes, que lo único que nos queda cuando se van, es dar las gracias por habernos demostrado la belleza de las estaciones de calor cuando más teníamos algo frío en nuestro ser. 

Los faroles que se creen estrellas que ni  son estrellas, ni son inolvidables y brillan con luz eléctrica, son falsas, se apagan con facilidad y necesitan un reemplazo cuando se funden; con una pedrada se apagan o rompen y son poco útiles. Cuando brillan, creen que son tan brillantes que nadie los merece, sin embargo ni siquiera se dan cuenta de que están huecos y vacíos. No aportan nada, más que ideas vagas, desestructuradas y en definitiva, cuando hay una luz de verdad a su alrededor, se apagan y se convierten en lo que en realidad son: una estructura vacía reemplazable. ¿Con cuántos faroles hemos tenido que lidiar en nuestra vida y peor aún, les dedicamos tiempo de nuestra luz? Creo que les hemos dedicado más de la cuenta y la verdad, solo hay que verlos con detenimiento: ¡no son nada sin un foco!

Las estrellas del invierno, lejos de ser frías, son muy distantes y que sólo a la distancia podemos verlas, jamás aprender de ellas porque son tan inalcanzables, que solo queda admirar su brillo.

¿Cuántas estrellas han tocado mi vida? ¿vivo con ellas y están conmigo? ¿cuántas añoro? son muy contadas las que han transformado mi ser; con las que vivo y solo algunas son las que añoro todos los días con todas mis fuerzas.

El aprendizaje, agradecerles a todas las estrellas que estuvieron conmigo y dejarlas en el firmamento de mi vida;  brillar cuanto pueda en los momentos más obscuros, ser mi propia luz en todo momento y no dejar que nada ni nadie evite que deje de hacerlo, porque de dejar que eso pase, DEJARE DE SER QUIEN SOY. Y si a alguien no le gusta... Please, vanish from my world :)

lunes, 26 de septiembre de 2011

Algunas historias a 42°

He platicado de los beneficios físicos y algunos emocionales de lo que ha hecho la yoga en este período de tiempo, pero no de las historias del porqué HOY estamos ahí metidos en un salón de 42°, haciendo 26 posturas por 90 minutos dedicados a nosotros mismos.

Historias al final del día y que todas, terminan con un enorme agradecimiento por todo lo que nos ha hecho y cambiado la percepción de la vida.

Empecemos por la historia de una mujer fuerte, brillante como una estrella y un ser maravilloso a quien yo admiro cada día y quien es para mí un ejemplo de vida diario. Ella terminó en Bikram a causa de un dolor tan fuerte, que en momentos no sabía como darle algo de fuerzas o palabras para reconfortarla. Ella, mi ejemplo, la veía con fuerzas sobrehumanas para seguir adelante pero la mirada, alma y corazón apagados. Admirablemente, se armó de valor para continuar mirando hacia adelante con el corazón y el alma hecha pedazos y alguien, le recomendó la yoga.
Pasaron los meses y comencé a ver, como poco a poco había una lucecita dentro de esos ojos enormes, poco a poco se veía una pequeña sonrisa y su fuerza interior, fue apareciendo.
Y HOY, a dos años de que ella encontró la yoga, la determinación, el HOY para ser mejor, para "estirar la rodilla y tener la garganta ahogada", es una persona con un equilibrio emocional y físico increíble con una luz muy fuerte y ella es un claro ejemplo en que no importa qué tan obscuro la noche esté, eventualmente amanecerá y el sol brillará tan pero tan fuerte, que será la recompensa de soportar en silencio y tranquilidad la noche más obscura.
HOY a su vida está tomando un equilibrio lleno de paz y lo comparte con todas las personas quien se le acerca. Y tiene una entre todas esas bendiciones,  llegó una lucecita que ilumina un estadio, llena de paz y mucho amor que dar.


La segunda historia, la escuché mientras estaba en el vestidor mientras me arreglaba para la clase (el disfraz de abogada lleva su tiempo quitarlo y ponerlo) de yoga.
Ella una chava del interior de la república, estudiaba en una de las universidades más prestigiosas del país, promedio envidiable pero una vida social reventada, fue lo que la orilló a terminaren Bikram.
Lo había intentado todo, sin embargo entre la presión escolar y los fines reventados, es lo que hizo que nuestra protagonista terminara en rehablitación. La cual, por lo que escuché, no le sirvió y continúo con su estilo de vida. Hasta que alguien le recomendó la yoga y el reto que empiezas desde el aguantar un salón de 42° con todas las posturas y en hora y media, le pareció bastante interesante. HOY practica yoga con todo el grupo, increíble ser humano y que te transmite sus ganas de vivir con tan solo escuchar su voz de "tú puedes hacer mejor la postura".

Y la tercera, esta citadina poco común, quien tenía el corazón cansado, alma hecha pedazos y los ojos hinchados, a quien amigo la llevó arrastrada a clase de 11 am un domingo nublado de julio. 
Esta citadina quien después del 5to día de semana introductoria y por "causalidades" del destino, no bastando tener roto su ser, se rompió la base de la columna vertebral y así se aguantó algunos días, hasta que el dolor fue insportable y la llevó a hospital. No queriendo escuchar al cuerpo, no le quedó remedio más que descansar y tener que sacar paciencia de abajo de las piedras y cada día pedía a gritos regresar a la yoga, porque eso de enfrentar el dolor, no le encanta y quería su fuga. Regresó y por su "intensidad y enorme necesidad" de fugarse del dolor emocional, se desgarró los muslos. OK, mala técnica y tuvo que caer en conciencia, que estaba haciendo todo lo posible en reventarse físicamente para sentir algo, en lugar de verle el sentido correcto: SANAR de adentro hacia afuera.
Se dejó de idioteces, puso un alto al dolor, quejas y mandó al demonio a quien era antes y se dispuso a comenzar desde cero: poco a poco con las posturas y dejarse sanar de adentro hacia afuera.
Obvio, no se metió al reto (demonios, un año gratis no me hubiera caido nada mal, pero entiendo que físicamente no estoy muy óptima que digamos (baby steps) y no iba a dejar pasar la oportunidad de irme de vacaciones!!!) y HOY está tomandóse la vida y la yoga más como una filosofía para sanar, encontrar el equilibrio y disfrutarla "con la cara feliz y contenta" cada minuto y una vez fuera de la yoga, seguir con la buena vibra para mantenerse contenta y reirse del pasado, de quien era antes y las cosas que le  preocupaban, enojaban o entristecian; el exterior no va a cambiar pero su interior y percepción de verlas día a día, si ha lo ha logrado y al menos, hay dias en que la carcajada se escucha en todo el edificio de donde trabaja. Esta citadina esta de pie y ¡voy muy bien!


Hay mil historias que si me pusiera a recabarlas, creo que podría tener una historia por día, sin embargo, en la pagina de la yoga estan los testimonios de algunos que tenemos la fortuna de estar HOY dentro de esta yoga, que nos ha enseñado a ver nuestras capacidades, fortalezas y luz interior.


Solo puedo decir a todo esto ¡Gracias! (y no, nadie de la yoga me paga por hacerle publicidad al Bikram o regalar semanas gratis a mis amigos; simplemente es compartir esta experiencia que llegó a mi vida como un rayo de luz cuando peor estaba y que me guía día a día para ser mejor y me ha dado fortaleza, seguridad, amor y un enorme agradecimiento por ser quien soy y por HOY estar en donde estoy, sin quejas, sin lados nefastos, sin malas historias. Simplemente es mi historia y ¡la vivo día a día!