Como parte de las nuevas vivencias que he tenido, me fui con
unos amigos a “las Luchas” a la Arena México.
Recuerdo vagamente que los domingos que íbamos a ver a mis
abuelitos, mi abuelita veía las luchas (esto lo confirmé con mi mamá) y que se
emocionaba por cada movimiento que el luchador a quien le iba, hacía para
“acribillar” al enemigo. Muy simpático el asunto y más, recordar a mi abuelita,
quien era una dama española hecha y derecha, se emocionaba y le hablaba al
televisor (y sí lo acepto, la dama se volvía una reverenda aficionada y se la
mentaba al contrincante en cuestión).
El plan salió de la forma más espontánea del mundo: una
amiga del trabajo me preguntó que si tenía algún plan en específico, a lo cual,
solamente había quedado en ir por unos “mojitos” (llevaba semanas pidiendo unos
buenos mojitos) e irme a buena hora a mi casa. Cuando me comentó que había
quedado en ir con unos amigos a las “luchas”, me pareció buena idea. Alguna vez
me habían dicho que era lo más terapéutico del mundo y divertido. A lo que dije
un rotundo: “Si quiero”. Después de terminado el día laboral, nos fuimos todos
con mi amiga y ahí estaba yo, la “citadina fresa” quien nunca se había parado a
ver las luchas en la arena México más que para ver el extinto espectáculo de “holiday on ice”
que mi mamá me llevó a ver en algunas ocasiones cuando era niña.
Llegamos y mil revendedores, puestos con camisetas y
mascaras de no sé cuantos luchadores (¡mi madre! No conté todas las máscaras,
pero eran demasiadas) antojitos, en fin, todo un circo afuera de la México (y
lo que faltaba por ver).
Nos metimos y aunque teníamos los boletos numerados, en ese
tipo de espectáculos, ¡vale para dos cosas tenerlos así! Encontramos unos
cuantos lugares al centro y nos sentamos.
Comenzaron las luchas y tengo entendido, que las del
principio, son aburridísimas. Y sí, lo fueron. Aburridas, trancazos que sonaban
y nada espectacular. Yo estaba atónita mirando todo el entorno, ¡era un
espectáculo! Lo que sí me di cuenta es que la chica que estaba a mi lado, gritó
en todas las luchas y a todos los luchadores todas las “mentadas de madre” que
se sabía (y hasta creo que inventó unas nuevas) cada vez que el luchador le
pega a “su favorito” (en realidad, creo que en todas las que vimos, tenía uno
al menos que era su “favorito”).
Durante toda mi vida viví en el error (y digo vivía porque
después de las luchas comprendí tantas cosas…) de que alguien catalogado como
un “papito”, “mi rey”, “guapo” y demás adjetivos calificativos, se consideraba
un tipo que en su conjunto: cara y cuerpo, es muy atractivo. Noo… ¡error! Para
las féminas que van a las luchas, este tipo de adjetivos a los hombres cuentan
del “cuello para abajo” (algo que vulgarmente se le conoce como estar “bueno”
de cuerpo) y bueno, hasta “casa” les ponen. Un concepto nuevo, sin duda. (Y la
verdad… ¡Ni tanto! Están tal “tonelitos” y los hombres así, al menos a mí, no
me parecen nada “buenos” ¿alguien se acuerda del “Santo”? ¡¡¡Por Dios! Le urgía
bajar la panza!!!).
El hecho de ver el espectáculo (tanto dentro del
cuadrilátero como afuera) fue extremadamente divertido. Es chistoso ver cómo la
gente, sea de cualquier estatus social, saca sus mejores “guarradas” y todas,
absolutamente todas, son bien vistas e inclusive, aplaudidas. Si no mal
recuerdo, llegó un punto en que yo (si YO) saqué los guarrismos de “rómpelo, yo
lo pago” “y tú luchador” x”, porque ni me acuerdo del nombre- vas y… tu ma”!
(mis amigos estaban botados de la risa y yo, lo acepto, también) y el amigo con
quien iba, ¿por qué no aplicó el: “me paro de pie por la guapa” (entiéndase lo
anterior, cuando en un momento pasó una monita en bikini mostrando el cartelito
de la “Segunda Caída”) ¡carcajada instantánea de quienes lo escuchamos! Frase naquerríma
pero absolutamente bien aplicada (y aplaudida) en el lugar correcto
(Honestamente, no lo veo diciendo lo anterior en una junta…si no, que ¡miedo!).
Si no mal recuerdo, en algunas ocasiones me dijeron que ir a
las luchas “es lo más terapéutico” del mundo y la verdad ¡sí! (caray, y más barata que cualquier terapia psicológica, eh) Sacas
absolutamente todo el estrés que tienes de la semana y rompes con los planes
cotidianos para divertirte y pasar un buen rato. De haberlo sabido antes, ¡me
iba más seguido a las luchas! (bueno, quien sabe que tan bueno eso hubiera
sido, porque seguro hubiera terminado aventado una silla al luchador malo!
Jajaja).
Una experiencia que me produjo tal carcajada (y es que de verdad, es surreal) que solo de acordarme de todo lo vivido, me dibuja una gran sonrisa.