¿Quién dice que los hombres no saben cocinar? En realidad, creo que muchos de los mejores chefs del mundo, son hombres; y uno de ellos es: mi novio.
Durante muchos años ignoré el factor de que era hacer una cena romántica hecha por el galán en cuestión, simplemente porque ninguno de mis ex´s cocinaba o de plano, quien era la "Chef" era yo.
Como en muchas cosas de esta relación, EL es quien cocina para 2 y ¡tiene EL sazón para la cocina y la relación!
Si no mal recuerdo el primer desayuno fueron unos huevos en canasta (ignoraba la mezcla y ¡es súper rica), y como postre, lo acompañó con las tapas del pan con canela y miel de abeja. ¡Súper rico! Fue la manera más romática de despertar.
Han sido muchos desayunos, comidas y cenas que hemos compartido y que, conforme pasa el tiempo, me encanta que él de repente quiera ser quien se quiera ensuciar las manos para meterse a la cocina para hacernos de comer a los dos. Cada comida es un festín al paladar y para la relación. Desde que pueden ser unas simples sincronizadas hasta una pasta sazonada con camarones y esparragos en salsa de vino blanco. Sin duda, me saqué la lotería porque este chef condimenta mi comida y mi vida.
Han sido nueve meses compartiendo comidas que hacen que por cada vez que estamos juntos, me soprenda y sea cada experiencia nueva y relajada.
Me queda claro que este atributo culinario, doy las gracias porque todo lo hace con una perfección única y lo hace con el corazón.
Curiosamente cuando mejor yo he cocinado (mmhh...él no conoce mucho lo que cocino porque él lo hace y yo dejo que se explaye a gusto!! Pero, ya habrá tiempo para ello, no me mortifica demasiado, la verdad) es cuando he estado feliz. Dejé de hacerlo hace un tiempo porque la tristeza me dominaba y no quería hacer algo que por tantos años me había hecho feliz, simplemente porque no me nacía para nada. Hoy, me dan ganas de cocinar como para un ejército (ojo, no lo deseo tanto, jajaj) y seguir degustando los sabores de la vida en cada plato de comida que como, en cada plato que hago y que mi adorado novio nos hace cada vez que compartimos un momento, que por pequeño y cotidiano que parezca, siempre es nuevo, siempre es rico y es único.
Sé que es cursi, pero ¿qué se hace cuando estás muy enamorada de un hombre único que sazona cada momento de mi vida con sus detalles no tan comunes, sus frases que me hacen reir, sus consejos que me hacen pensar (y a veces, me chocna porque tiene la boca atascada de razón) y sus besos que endulzan mis momentos más amargos y son parte de mi alimento cuando estoy con el.
El y sus sazones da algo nuevo a la vida.
lunes, 9 de agosto de 2010
Mudanzas laborales
Hace una semana comenzaron los cambios.
Quizás la forma por la cual me enteré no fue la más mona: el chisme. Entre dimes y diretes, me enteré que mi jefe se cambiaba de oficina ¡¿y yo?! -pensé- la verdad, no sabía que pensar, que sentir, sólo sé que estaba a punto de estar en Siberia (bueno, en realidad en otra oficina más lejos del Corporativo) y era oficial: estabamos exiliados con tal de darle gusto a un tercero.
La semana se fue lenta: entre tanto momento triste, me sentía completamente perdida, no sabía que esperar y debía de tomar una decisión que me hiciera feliz y que fuera congruente con mi forma de ser: ser leal.
Mi jefe apostó por mí cuando no tenía ni la más remota idea de lo que él hacía y durante casi 2 años, he sido leal sin pretender ser hipócrita con la gente de mi alrededor.
Y esta vez, me tocaba apostar por el cambio y así fue. Me cambié a la misma oficina que él, porque el cambio me parecía lo más lógico y el siguiente paso que debía hacer, aún y cuando el exilio significaba dejar de ver a mis amigas, dejar la costumbre de un comedor y de dos horas perdidas en la computadora, de ver puntual al novio cuando pasaba por mí a la oficina, en fin, dejar de hacer para comenzar a hacer cosas nuevas.
Hoy fue el primer día en la nueva oficina y sí, después de que según yo estaba completamente convencida, segura...me di cuenta de que NO estaba convencida, de que me aterra el cambio y de que cuando llegue, mis amigas no estaban y estoy sola en Siberia.
Hoy como nunca extrañé a mis amigas y mis rumbos, me senti perdida en una tierra nueva en la que, no tenían ni la más remota idea de cuando llegabamos y peor aún, yo no tenía lugar asignado (la tarada de la secretaria según ella todo estaba resuelto y NADA estaba hecho!!! Quedó claro, lo único resuelto es que debíamos de estar fuera de esa oficina para que le dieran la oficina otra persona, welcome to the corporate game) para lo que, mi jefe tomó una decisión sabia: las cosas no se iban a resolver y lo mejor, es que me fuera a casa.
Antes de irme, me fui a comer con un buen amigo de la oficina (quien curiosamente está en mi hoy, no muy querido lugar de exilio) y honestamente, fue una maravilla estar con alguien conocido en una tierra desconocida. Me tranquilicé y hablamos de otras cosas en vez de lo negro que veo hoy el panorama en ese lugar.
Vine a casa y literal, me dormí como oso, no quería pensar más en el lugar en donde estoy, en donde, la sensación que traigo hoy de que: había una necesidad de deshacernos como ropa vieja de nosotros y aún así, quieren tenernos con un control de asuntos, para demostrar que no todo está perdido.
En fin, hoy no fue el mejor día en el que he estado, le hablé a una de mis mejores amigas y como su buen nombre lo dice: me dio un poquito de luz en donde me siento como un ciego en donde no sabe donde está.
La nueva oficina está llena de gente que he tratado laboralmente hablando, pero que no conozco como compañeros e ignoro, si tienen algún potencial como amigos. Mi novio tuvo la oportunidad de asesorarlos hace unos años y dice que es gente pensante, simpática y buena gente. Esos puntos no los pongo en duda, simplemente ignoro que tanto podrán ser mis cuates de lunes a viernes y quieran tratarme más en ese sentido, en vez del asesor legal que los atiende en esos mismos días de la semana.
Queda claro que a mi jefe la mudanza le cayó increíblemente bien: está con su negocio que conoce desde hace muchos años, está más cerca de casa y está más cerca de todo.
Yo no sé que pensar de la mudanza: estoy más lejos de mis amigas, más lejos de casa, más complicaciones.
Queda claro, los inicios muchas veces no son lo que esperabamos pero es justo lo que necesitamos para crecer.
Quizás la forma por la cual me enteré no fue la más mona: el chisme. Entre dimes y diretes, me enteré que mi jefe se cambiaba de oficina ¡¿y yo?! -pensé- la verdad, no sabía que pensar, que sentir, sólo sé que estaba a punto de estar en Siberia (bueno, en realidad en otra oficina más lejos del Corporativo) y era oficial: estabamos exiliados con tal de darle gusto a un tercero.
La semana se fue lenta: entre tanto momento triste, me sentía completamente perdida, no sabía que esperar y debía de tomar una decisión que me hiciera feliz y que fuera congruente con mi forma de ser: ser leal.
Mi jefe apostó por mí cuando no tenía ni la más remota idea de lo que él hacía y durante casi 2 años, he sido leal sin pretender ser hipócrita con la gente de mi alrededor.
Y esta vez, me tocaba apostar por el cambio y así fue. Me cambié a la misma oficina que él, porque el cambio me parecía lo más lógico y el siguiente paso que debía hacer, aún y cuando el exilio significaba dejar de ver a mis amigas, dejar la costumbre de un comedor y de dos horas perdidas en la computadora, de ver puntual al novio cuando pasaba por mí a la oficina, en fin, dejar de hacer para comenzar a hacer cosas nuevas.
Hoy fue el primer día en la nueva oficina y sí, después de que según yo estaba completamente convencida, segura...me di cuenta de que NO estaba convencida, de que me aterra el cambio y de que cuando llegue, mis amigas no estaban y estoy sola en Siberia.
Hoy como nunca extrañé a mis amigas y mis rumbos, me senti perdida en una tierra nueva en la que, no tenían ni la más remota idea de cuando llegabamos y peor aún, yo no tenía lugar asignado (la tarada de la secretaria según ella todo estaba resuelto y NADA estaba hecho!!! Quedó claro, lo único resuelto es que debíamos de estar fuera de esa oficina para que le dieran la oficina otra persona, welcome to the corporate game) para lo que, mi jefe tomó una decisión sabia: las cosas no se iban a resolver y lo mejor, es que me fuera a casa.
Antes de irme, me fui a comer con un buen amigo de la oficina (quien curiosamente está en mi hoy, no muy querido lugar de exilio) y honestamente, fue una maravilla estar con alguien conocido en una tierra desconocida. Me tranquilicé y hablamos de otras cosas en vez de lo negro que veo hoy el panorama en ese lugar.
Vine a casa y literal, me dormí como oso, no quería pensar más en el lugar en donde estoy, en donde, la sensación que traigo hoy de que: había una necesidad de deshacernos como ropa vieja de nosotros y aún así, quieren tenernos con un control de asuntos, para demostrar que no todo está perdido.
En fin, hoy no fue el mejor día en el que he estado, le hablé a una de mis mejores amigas y como su buen nombre lo dice: me dio un poquito de luz en donde me siento como un ciego en donde no sabe donde está.
La nueva oficina está llena de gente que he tratado laboralmente hablando, pero que no conozco como compañeros e ignoro, si tienen algún potencial como amigos. Mi novio tuvo la oportunidad de asesorarlos hace unos años y dice que es gente pensante, simpática y buena gente. Esos puntos no los pongo en duda, simplemente ignoro que tanto podrán ser mis cuates de lunes a viernes y quieran tratarme más en ese sentido, en vez del asesor legal que los atiende en esos mismos días de la semana.
Queda claro que a mi jefe la mudanza le cayó increíblemente bien: está con su negocio que conoce desde hace muchos años, está más cerca de casa y está más cerca de todo.
Yo no sé que pensar de la mudanza: estoy más lejos de mis amigas, más lejos de casa, más complicaciones.
Queda claro, los inicios muchas veces no son lo que esperabamos pero es justo lo que necesitamos para crecer.
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