¿Qué es lo que nos hace ser nominados al premio “Marga López”,
SENCILLO ¡¡¡SER AZOTADO Y DRAMÁTICO!!!
Haciendo un poco de memoria, ¡creo que el drama, en cierto
grado, gusta mucho! (Quizás por lo que vaya a poner a continuación seré
crucificada o en su defecto, quemada en leña verde) Tenemos a un representante
del “dramatismo” en nuestra cultura musical y ese es el mismísimo ¡José José!
Sus canciones (tooodaaas) son un drama, un constante “azote” de dudas,
recuerdos, abandono, etc, etc. Y lo peor, es que para muchos (insisto, para
muchos, me estoy ganando el infierno por lo que estoy afirmando) es el ídolo,
el “príncipe de la canción” y el “confidente” para esas noches de borrachera
cuando te rompen el corazón (al menos en mi caso, prefiero ser más sofisticada
y escuchar y hacer otras cosas, en vez de reventarme la vocecita de Josecito).
Este es el claro ejemplo de cuánto puede llegar a gustar (y justificar, peor
aún) el drama.
Después de ciertos períodos de mi vida en las que me reventé
siendo la “Princesa del Drama”; en donde me quejé hasta el cansancio de lo que
no tengo, de armarme historias complejas y en donde pensaba, idiotamente claro
está, en que si la historia no tenía la dosis (sea poca o mucho) de drama,
simplemente no valía la pena. ¡Qué equivocada estaba! La vida, de por sí, nos
entrega momentos dramáticos, tristes y fuertes, que la verdad, ¿de qué demonios
sirve complicarnos más la existencia con historias mentales? Como buena
“ex princesa del Drama”, en mi experiencia,
veía súper normal el ser dramática y hasta se justificaba con el fin de demostrar “x” o “y” cosas, como ejemplo: mi
fuerza y capacidad de “superar las adversidades”. ¡Por favor! El factor drama
no mide las capacidades para resolver los conflictos y menos, ayudan en algo.
Al contrario, engrandece (todo y en sentido malo), desgasta y dan una flojera
enorme.Yo no digo que la vida sea de color de rosa ni mucho menos, pero
¡carajo! ¿De qué demonios sirve buscarle ese factor? ¿Por qué la maldita necesidad?
¿Serán las telenovelas o novelas? ¿Las películas en donde, absolutamente todo,
después del mega drama, se resuelve y hay un final feliz? ¿Las terapias baratas
para justificar las heridas, en vez de sanarlas? ¿Es tan difícil vivir
plenamente y realmente ver la vida como es: “momentos buenos, malos, espantosos
y regulares y –literal- aprender, agradecer y dejarlos ir? ¿Somos adictos, nos
hacemos tontos o simplemente, no tenemos en qué descargar nuestra complejidad
humana? (¡¡¡ya me explayé con las preguntas!!!).
Hace poco escuché en el radio que las mujeres tendemos mucho
al drama/reclamo, en lugar de llegar a acuerdos. Sin embargo, he descubierto que
no es exclusivo de nosotras; más bien, hay seres humanos que son más dramáticos
que otros y creo que los que son los menos, podrían ser considerados
“extraterrestres”. ¿Por qué para todo debemos armar el “drama”? De que si somos
impuntuales, de por qué no llamaste, del porque no hiciste, pensaste, eres,
dijiste. Pretextos, pretextos, que a final de cuentas, son detonantes para
sacar a la “Marga López” que tenemos en nuestra cabeza y quien se encarga de
armarnos las historias más idiotas que una telenovela (de cualquier televisora)
y para colmo, saca a la mártir/víctima o en su defecto, mala del cuento. Lo cual,
es volver al mismo círculo vicioso dramático, en lugar de analizar el punto
medular, ¿qué diablos estoy YO haciendo? Si ponemos nuestras expectativas en
las manos de los otros, eso…eso…Hace que
a gritos salga “Marguita” y obvio, sufrimos sus consecuencias (sea como
aguantadores de dramas como personas que los hacen).
¿Qué es vivir sin dramas? Es aceptar la vida como es, tener
la capacidad de ver claramente las cosas (respirar hondo y aceptar que hay
cosas que están fuera de nuestro control para cambiarlas) y aprender de los
trancazos de la vida. Quizás en ese sentido, a algunas personas les ha pegado
más que a otras y eso, en muchos casos, incrementa la percepción de ser “más
dramáticos” y aprehensivos que otros, y si no hay ayuda, de cualquier tipo, “Marguita”
sale con determinada frecuencia (voluntaria e involuntariamente); no permite
ser objetivos y sale con gritos. O de plano, también están las personas (como
mi hermano, bueno en realidad, algunas veces lo hemos catalogado como un “vale
gorrista” consumado) que son muy alivianados y dejan que las cosas fluyan como
deban y no se agobian. A lo que creo firmemente, que él (y las personas quienes
son así) viven plenamente y tratan de no engancharse con aquello que no puede
cambiar.
¿Qué he aprendido en este tiempo? La verdad no tengo ni la
más remota gana de lidiar con los “dramas” (propios y ajenos), no me interesa
ser una “Drama Princess” (ni ganarme el premio por serlo) y mucho menos,
aguantarlos (de quien sea, porque olímpicamente se van a la goma). Si los
problemas tienen solución, resuélvelos. De los primeros aprendizajes que he
puesto en práctica es que al primer indicio de “drama”( de cualquier índole y
de cualquier persona), ocasiona que inmediatamente sonría fríamente y de plano,
me instale en el mood: “mira fijamente y piensa en otra cosa que NO te de
flojera”.
De nueva cuenta, ¿para qué los dramas, las quejas y sacar al
berrinches que llevamos dentro? Nuestra “personita berrinches” no tiene la
capacidad de “Godzilla” para destrozar una ciudad, pero SI tiene la capacidad
de decir cosas sin pensar de las cuales podamos arrepentirnos y si la sacamos sin bozal, hace literalmente,
lo que se le da la gana y ¡gracias, valemos gorro! ¿Para qué demonios hacemos
partícipe a la gente de nuestros berrinches y nuestros arranques cínicos? Ellos
no tienen la respuesta, ni culpa y obvio, ganas para reventarse semejante
“actuación”. Si quieres resolver los problemas, resuélvelos. ¿Quieres dejarte
de quejar? Cambia tu manera de ver la vida, cambia de trabajo, actividades,
escucha a tu corazón y no bloquees la razón, haz lo que sea, ¡pero
actívate! Y no lloriquees por el pasado,
por lo que no tienes, por lo que deberías de tener, por lo que mereces, por
malos tratos (verdaderos e hipotéticos), por truncamientos, por lo que sea,
pero deja de lloriquear, enfrenta y arriésgate, en vez de darle la vuelta.
Es bastante complicado tratar de “simplificar la vida” y
verle el lado más “amable”, pero da menos flojera (o al menos en mi caso), en
lugar de que estés viéndola desde el punto de vista del drama.
Para dramas…mejor se lo dejamos a Marga López o
contemporáneas (lo retro si está de regreso, pero esto está OUT) y para
aquellas “Marga Lopez” vivan y dejen vivir, dejen de quejarse, ríanse en vez de ser
cínicos; diviértanse en vez de sufrir y vivan el hoy.
La verdad hacer premios en honor a cuanto nominado dramático
que se presenta en nuestras vidas, sale en una ¡¡¡¡lanaaaa!!!! Sin contar, que
la lista es (y será siempre) interminable.