martes, 27 de diciembre de 2011

Bye 2011

“2011, el año de la transformación” es lo que he escuchado en los últimos meses ¡y vaya que lo fue!
No puedo decir que el año fue malo o bueno, lo dejo mejor en el “año de los cambios”, que si bien es cierto, unos me gustaron, otros francamente, me parecieron dolorosos y un “wake up call” brutal para hacer las cosas. (¡¡¡Malditos modos!!! ¿¿No hay otra forma más mona para tener un “wake up call” en lugar de que te bajen a trancazos de la nube??)


El cambio más complicado que tuve fue el de estatus sentimental.  Con unos cuantos meses de distancia puedo decir que fue una relación maravillosa con la persona más increíble para mí con quien tuve la fortuna de compartir mi vida durante el tiempo que estuvimos juntos. Simplemente hoy me siento infinitamente agradecida por haber estado en su vida personal/familiar, y haber vivido tantas experiencias maravillosas. Me quedo con el agradecimiento, las risas, todas nuestras aventuras, pláticas, aprendizajes, la fortaleza y el gran amor que le tengo a él y el enorme cariño y agradecimiento que le tengo a  su familia y amigos, a quienes tuve la fortuna de conocer.


Queda claro que con el cambio tan radical debía seguir “la corriente” y comenzar a hacer lo propio.


Llegó Bikram Yoga y sus 42 grados de reto. Insisto, como en otros blogs lo puse, fue un reverendo reto: sudé como cerdito, no tenía ni un demonio de equilibrio (pero eso sí, mucha flexibilidad y citando a la mejor Bikram yogi de México, mi hermana:” la yoga manifiesta qué es lo que te hace falta en la vida”, y efectivamente, el equilibrio me fallaba demasiado, porque simplemente NO lo tenía; mi condición física estaba “pal perro” y para mi suerte, tenía algunos kilos encima. La semana introductoria fue cuando me comencé a enamorar de esto y me inscribí. Más tardé en inscribirme que a la 5ta clase a la salida de mi práctica, me caí y me rompí el coxis. Continúe como si nada (porque en realidad no había dolor (o quizás sí pero no lo pelé porque estaba demasiado ocupada en “fugarme” del dolor emocional) y fue hasta que me di cuenta en un abdominal que no podía llegar a los pies, visto lo anterior, mi instructora de yoga del día me sugirió que fuera al hospital y bueno, me fui corriendo porque sin duda, algo estaba mal. Enfrenté el hecho de estar sola en una sala de emergencias, angustiada y sí, me salió lo sensible y terminé  con lágrimas en los ojos, lamentando los padecimientos emocionales que terminaron en físicos. Fue hasta que llegó el médico, que tuve que enfocarme en lo que realmente era importante: el coxis y que, para mi tristeza, éste estaba fracturado. A gritos el cuerpo pedía a gritos descanso y calidad de urgente tenía que parar; de no hacerlo,  las consecuencias serían un poco más complicadas en un futuro. Fue en ese momento en que tuve que comenzar a sanar “de adentro hacia afuera” y comenzar a ser más paciente conmigo misma.

El mes y medio que estuve fuera de la yoga, era un constante grito de hartazgo y querer continuar, no soy de las personas que se da por vencida a la primera y menos,  estar en “mood pasivo” (estos son cuando yo quiero, no cuando el cuerpo quiere) y tenerlo que hacer, me puso muy de malas porque simplemente los cambios que la yoga me dio fueron efectivos. Sin embargo, tuve que hacerle caso al cuerpo y parar. Regresé a la yoga poco a poco, no me obligué a nada, pacientemente, tuve que empezar con todas las posturas. Hubo días fuertes y otros, en donde francamente, llegaba con una enorme sonrisa a la oficina. Hoy de nueva cuenta, el coxis anda dando lata, ya me fui a checar y bueno, sigo en espera de mis resultados. Esperemos que para el año venidero, pueda ir casi diario o al menos, los días que vaya,  ir sin molestia alguna.


Llegó mi cumpleaños y como los años anteriores, decidí emprender el vuelo para despejar la cabeza, sanar más el corazón y divertirme. Y tal rencuentro de “Menudo” vi a mi amiga en Cancún; viví nuevas experiencias: nadé con delfines,  nadé con snorkel, bailé hasta que me cansé, conocí nuevas amigas e inclusive, me asolé tal puberta (sí, si tal puberta me insolé), sin embargo mi amiga me cuidó y ayudó a que mis heridas de primer grado sanaran.  Fue un viaje en que literalmente “cambié de piel para renovarme”.


Familia, mi gran pilar. Lo acepto mi gran motor y ejemplo de vida ellos. Mi mamá siempre ha sido el pilar y ejemplo de vida,  y mi mejor amiga. Con quien a pesar de que hay días malitos, es la persona a quien más admiro en este mundo y me siento con la enorme fortuna de decir: “mi mamá es lo máximo”. Es una mujer que ha sabido salir de las adversidades, fuerte, muy inteligente y  quien gracias Dios, me ha enseñado el enorme amor que le tengo al arte y cultura. (Mommy knows best!!) Ella, quien siempre ha respetado mi esencia y ser, nunca me ha abandonado en ningún momento e incluso, en los que he estado sola en otro país, sé que ahí está ella. Mi papá y hermanos, quienes siempre han estado ahí, apoyándome y quienes de repente, les encanta molestarme haciéndome cuanta broma se les ocurre;  pero también son quienes me han escuchado y apoyado en mis momentos más malitos; francamente, los adoro. Son seres humanos fuertes, completos, sabios (mucho en realidad); grandes amigos y la verdad, me siento mega afortunada de tener a semejantes ejemplos de vida como hermanos y padres, ¡son lo máxmo! Y bueno, ¿qué decir de mis niños hermosos? Ellos son 7 razones para reír día a día, querer enseñarles el mundo, leerles todos los cuentos, aprender de ellos e inclusive, tener largas horas de plática; simplemente son el punto medular de mi vida, a quienes me encanta consentir con todo lo habido y por haber; y día a día, doy gracias por estar en sus vidas.


“Lavoro”, este año creció el negocio y sin duda, llegaron más retos profesionales en donde tuve la oportunidad de poner en práctica la yoga: mucha paciencia, perseverancia y paz en todo lo que hago (ahh si lo acepto, hubieron días que con todo y yoga, no tuve tanta paciencia que digamos). Tuve la fortuna de recoger el fruto de tanta chamba cuando a principios del mes de Diciembre, en una fiesta de una de las áreas que atiendo, el personal al unísono me dijeron: “Gracias por siempre contestarnos, no dejarnos y siempre tener una respuesta favorable”. Sin duda, me sentí satisfecha de ver que todo el esfuerzo, que por momentos personales parecía sobrehumano, fue bien remunerado y hoy  sé que voy por buen camino.


Amigos viejos y nuevos. Llegaron a mi vida nuevos amigos y mis amigos de siempre se aparecieron “tal milagro divino”. Ellos quienes estuvieron cuando más estuve triste buscando alguna forma para hacerme reír; fueron un hombro para llorar y apoyarme. Hoy que estoy de pie por mi propia fuerza y por el apoyo que me dieron, agradezco a todos los que me ayudaron en los días más negros y en donde no veía luz en ningún lado. Gracias por guiarme, haberme soportado en mis días malos y dado una palabra de aliento cuando justamente, eso no tenía. Otra de las miles de razones para pensar que este año, con todo y sus cambios, me trajeron más bendiciones. Soy afortunada por tener a la gente quien hoy tengo, no me queda duda alguna.


Aprendizajes nuevos, dentro de este año me he sentido más ¿cómo decirlo? Despierta. Curiosamente la gente ha demostrado su verdadero “color” y eso es lo que me ha hecho más consciente de mis acciones y me he transformado en alguien mucho más cauteloso y analítico. Me ha costado siendo que soy “todo corazón”, pero no estoy dispuesta a ir por la vida “dejando pedacitos de corazón”. Doy gracias, sin duda, porque es otra parte del aprendizaje de lo que quiero en la vida.


Percepciónes, por ahí me comentaron que era del tipo de mujer: “intimidante”, esto por el hecho de ser una mujer que sabe lo que quiere, cuando quiere y cómo quiere vivir la vida, quien no necesita un hombre que la rescate (¿rescatar? ¡Por Dios! ¿De quién? ¿De la bruja mala que tiene a la princesa encerrada en la torre rodeada de dragones, plantas con espinas y  que necesita ser rescatada por el príncipe guapo, encantador, valiente en corcel blanco? No, eso no es lo mío. SIEMPRE he tenido la llave para bajarme de la torre y salir cuando se me pega la reverenda gana e irme andando con mis propios pies a recorrer el mundo y a vivirlo. No necesito un hombre que se ponga la capa de “Superman” y venga por mí volando o en su brillante corcel blanco cuando la srita esté en peligro o con broncas (de cualquier índole). ¡No jodas! Tengo claro que lo que quiero es un hombre que sepa lo que quiere, cuando quiere y cómo quiere; brillante (los niños huecos me dan demasiada pereza, gracias), alguien a quien admire en toda la extensión de la palabra ( si no admiro, ¡no hay nada!); alguien quien sepa quién es en todo momento y sepa quién soy yo;  me quiera; ría conmigo y a veces, se ría de mí por mis burradas;  me apoye (¡¡¡no rescate!!! No son sinónimos), respete y sepa ante todo, ser incondicional en todo momento. Es sencillo, que sepa que si él flaquea ahí estaré para escucharlo y si quiere, mimarlo; y que en esos días que ni la yoga haga su efecto y yo llegase a flaquear, yo sepa que ahí estará.  No quiero un “rescatista” ni ser una “salvavidas” (¡¿tengo cara de monita de “Baywatch”?!)) Y también sé que soy una mujer quien sabe expresar lo que siente en todo momento. Las palabras de mi amigo me dejaron sorprendida. Y no es porque lo anterior no lo supiera, sino porque este tipo de cosas se vislumbra a simple vista.  Este… pues sí, esa soy yo, una niña abierta (cuando y con quien quiere), decidida, inteligente y con un sentido del humor tan negro, que puede sorprender a cualquiera; alguien quien vive el día a día, “con mi cara feliz y contenta”. Simplemente sé cómo vivo, qué es lo que quiero, a dónde quiero ir, cómo quiero vivir y con qué tipo de persona me gustaría compartir mi vida. Hoy el punto más importante, es que conmigo misma tengo esa relación incondicional y la verdad, ¡me llevo súper bien conmigo misma! Todos los puntos anteriores se aclararon y fortalecieron en la “meditación cuántica”. Toqué fondo a profundidad y  toqué todas y cada una de las fibras emocionales que me componen. Después de la experiencia, hoy existe un ser completamente diferente, feliz y mejor, ¡mucho mejor! 


¿Hoy cómo vivo? Hoy me siento enfocada en las metas y en paz conmigo misma. Me queda claro que tenía que pasar por las adversidades para ver quien realmente soy, para saber qué es lo que necesitaba reajustar en mi vida y para demostrarme mi fuerza e independencia y sí, quizás el fracturarme, me demostró cuán fuerte y frágil soy. Aprendí a luchar pese a las adversidades, a cuidarme mucho y tener una sonrisa en la cara; a seguir adelante sin reprocharme nada y sin fantasmas de ningún tipo; a llorar cuando era necesario y a secarme las lágrimas para mirar al frente; a ver mi verdadero yo y su potencialidad. Aprendí nuevos retos e inclusive, aprendí a jugar juegos que antes me desesperaban (recuerdo un día en que mi ex me enseñó un juego con carritos, tipo laberinto, y el chiste era que el carrito saliera del lugar. Al verlo, me di por vencida, gracias a mi desesperación, y no quise si quiera intentarlo; hoy tengo la aplicación en mi teléfono (hasta de marca de teléfono cambié y soy la más feliz del mundo) y ya voy en el laberinto número 1025, ¡me encantó intentarlo! No hay reto pequeño, si tienes voluntad para hacerlo); comprendí que en verdad, tengo la paciencia suficiente para ver nuevas cosas y aprenderlas; a escuchar con detenimiento, a pensar antes de decir lo primero que dice el estómago y escuchar el corazón, el cual hoy está muy guardadito, sanando día a día y enamorándose más de mi y de las nuevas capacidades y habilidades que tengo. Lo que antes fui,  dejé que muriera para renacer en alguien mejor (de nueva cuenta, el “ave fénix” está de pie, con la cabeza muy en alto y volando muy alto y a su ritmo); aprendo día a día a vivir el hoy con una sonrisa en la cara; no pregunto los porqués de los cambios, los acepto como vienen y me siento afortunada por tener un día más de vida en donde puedo respirar en paz y tranquila.

 Cambié los dramas por los retos (por favor, personas dramáticas ¡¡¡absténganse!!!), las lágrimas por las sonrisas y de vez en cuando, pongo límites para ordenar mi mundo y cabeza. Estos los hago con una cara de determinación, que hasta el mismo Dios podría sorprenderse de cuán determinante puedo ser cuando quiero orden;  no armo “dramas” de nada (“vive y deja vivir”, dice un dicho y si, hoy lo aplico más seguido), tengo una piel “de foca” pegada a la mía para que se resbale lo que no vale o importa; hoy me escuchan sin levantar la voz; soy  flexible para escuchar y acepto las opiniones (y todo aquello) distinto a mí. Aprendí a hablar con paz y a veces, cuando la paciencia no llega, tengo que hacer unas cuantas respiraciones “panayanas” para tener más oxigeno en el alma y cabeza antes de molestarme. Hoy, poco a poco he ido construyendo un ser humano completo, mejor, sano y a quien le encanta reír.


 En fin, Ciao al año de”la transformación” y bienvenido el año nuevo con una versión mejorada de mi misma.