sábado, 9 de enero de 2010

De Quimeras, Idolos y Fantasmas

Al momento en que comienzas una relacion nueva, todo es lindo, brilla, sonríes sin saber la razón y te sientes absolutamente feliz con solo pensar en la nueva persona quien es dueño de tus sueños.
Lindo, ¿no? Sin embargo, poco enfatizamos o queremos saber del pasado de esa persona, aún y cuando, tengamos una poca de curiosidad.

Ese pasado  que tenemos, el cual es idealizado, con cuentos y finales felices frustrados, en donde reina el miedo a volver a empezar.
Ahí estaba instalada con mi idolo, en el miedo, quien aún y cuando, él ya no estaba, me seguía sangrando la herida y vivía en la credulidad, de que ese patético cuento era el que me tocaba vivir.

Quizá y sí, después de todo, era un dolor conocido, producido por mí, aunado a lo que hizo él en su momento, y pues me parecia sencillo, vivir esa realidad y creer que todo estaba bajo control, y que lo merecía.

Compare a mi ídolo, lo arrastré por toda la ciudad, lo odié, maldije la hora en que lo conocí y seguía amandolo, todo eso al mismo tiempo.
El idolo permeneció vivo, aún y cuando, concientemente, sabia que yo estaba mal y debía deshecharlo, si es que tenia pensado seguir adelante.
Aun y cuando todo fue claro al final, tontamente mantuve la esperanza viva por si él decidía volver. Cosa que nunca sucedió.

Por lo que, para evadir mi dolor, opté por aventar al idolo en un estante de mi ser, con tal de no verlo, igual y el dolor se desvanecía y cuando necesitara recordarlo, simplemente, lo volvía a sacar de donde estaba.
Olvidé poco a poco lo que me hacia adorar a mi ídolo y todo lo que ello derivaba. Decidí dejarlo en el estante en esos momentos de soledad y enfrentar el dolor.
Su recuerdo se iba desvaneciendo y confiadamente, comence a salir.

Encontré a esa persona con quien valia la pena todo reto y con quien me siento muy feliz.
Todo con él son excelentes momentos, felicidad en todo momento, vivir y aprendizaje. Pero, apareció su fantasma, la quimera de la perfección hecha mujer y relación.
Yo no sabía qué pensar, sólo sé que su maldito fantasma, estaba conviviendo mucho conmigo.
Y por alguna extraña razón mi ídolo y la quimera se entendían tan bien. Mi ídolo se presentó cómoda y confiadamente a su quimera, y hablaron de su naturaleza y como habían llegado a donde estaban.

Sin embargo, su fantasma salió de los lares habituales y  estaba en la sala, en el coche, en el telefono, en casi todos lados. Y mi ídolo estaba susurrandóme al oído frases para que dejara al nuevo amor quien estaba a mi lado y con su hipocresía caracteristica, me decía que: iba a portarse bien, si lo sacaba del estante.
Pensé durante días,  ¿qué tan normal es lidiar con mi ídolo y su fantasma, sobretodo, sentiendo a la quimera con toda su fuerza? Me quedó claro el objetivo: tenía que mandar al demonio a mi ídolo y quemarlo para que no volviera. Y así fue, se quemó rápidamente y sus gritos fueron apagándose.

Sin embargo su maldito fantasma siguió haciendo acto de presencia, era sútil y voraz. Yo no tuve clemencia y decidida, le demostré a su creador, que estaba interesada en él y dispuesta a estar a su lado, solo que su fantasmita, tenía que irse (en el tiempo que decidiera él en que debía hacerlo, yo en ese sentido, jamás presioné su salida), pero sí le envié a su fantasmita atenta notificación de desalojo de por vida.
El utilizó las herramientas que mejor conoció para desalojar a su fantasma, quien se negaba a irse y con fuerza aparecía en detalles e inclusive, incrementaba su vólumen de voz, (siendo ensordecedor) y escuchaba su risa burlona de que ella nunca se iría.
La determinación se apoderó de mi cabeza: yo estaba enamorandóme del creador del fantasma y con mis mejores armas, le dí algunas a él y observé como su creador se enfrentó a ella.

Fue una lucha incansable, la cual como observadora, puedo contarla a detalle pero no tendría caso contar como fue su quimera, me mostró lo despiadada que era y sus golpes más fuertes, que nos golpearon en donde ella quería, pero por cada golpe, cada risita, cada acto despiadado, nosotros estabamos fortaleciendo nuestro amor y seguridad de querer estar juntos.
El último golpe de la quimera fue magistral: sutil, inesperado y fuerte. No estaba preparada, he de aceptarlo.
Caló hondo e inclusive, dolió pero con la misma fuerza del golpe, nos levantamos juntos y fuimos capaces de desterrarla y su maldita risa burlona.

Sin quimeras, ni idolos de por medio, hoy estamos iniciando una vida juntos, haciendo nuestra cada experiencia y dispuestos a seguir descubriendo nuestras soluciones a los problemas que se presenten, sin tener que recurrir a un pasado que no concuerda con lo que somos ahora.

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